Anchorman

Sin título

“Los kirchneristas me dicen que soy un opositor. Los macristas me dicen que soy kirchnerista. Los de izquierda me dicen que soy un facho. Los fachos me dicen que soy un panqueque. Los progres me dicen que soy la derecha. Los de la derecha me dicen que soy un vendido. Los vivos me dicen que soy un pelotudo. Los pelotudos me dicen que soy un forro.”

Eduardo Feinmann

Ya en aquellos archivos de Sensación Térmica de tiempos pre 2001 se puede apreciar cómo se fue gestando la dinámica de la convivencia jamás resuelta entre Eduardo Feinmann y nuestros sectores medios más ideológicamente intensos. Señalado por Jorge Lanata en el viejo Día D como un “quemalibros”, era resistido por un progresismo que vivía su época dorada comunicacional. El inicio de la década fue modelando el éxito de Radio 10, bastión en el que confluían las grandes figuras del Grupo Hadad y espacio que propició incipientes principios de masividad de un Feinmann que figuraba todavía como un actor de reparto dentro del equipo del Negro Oro. Tras la crisis del 2001, la emisora emerge con un sello transgresor desde una impronta conservadora con el ya consumado clima de época del fin de ciclo menemista, signado por el auge editorial de la centroizquierda cultural. Y fue durante el kirchnerismo cuando Eduardo experimentó el despegue profesional. Su consolidación vino de la mano del crecimiento de la radio que mejor expresó durante estos años la idiosincrasia de la clase media metropolitana en el dial.

2013 parece ser el año del apogeo. Su programa en C5N hace rato que se consolida como referencia del cable. El debate sobre libertades individuales encuentra a su estudio como sede principal y alimenta de rebote el contenido de la programación. Drogas, tomas, piquetes, aborto y sexualidad se conjugan con el mejor diseño gráfico del rubro noticiario al estilo Fox News. Epicentro de la polémica metropolitana, El Diario tiene el patrimonio televisivo de todo asunto que un diario ubicaría en la heterogénea rúbrica “Sociedad”. Feinmann desideologiza la escena para volverla más genuinamente política. Con agilidad, sortea las tradicionales distinciones del debate público actual, evita mayores referencias dentro de la lógica oficialismo/oposición e incluso en la de izquierda/derecha. Prefiere ordenar la discusión más bien en los términos del combate al desorden desde cierto “sentido común” que pretende enarbolar.

Es furor en la comunidad twitter, sí, pero también le marca la agenda a los multimedios en los que termina por incursionar. Feinmann es más que un fenómeno del microclima, es la voz del grueso de una clase media que adhiere a sus consignas troncales: a la escuela se va a estudiar, las calles no se cortan y la falopa se está comiendo a los pibes. Alguna vez le dijo a Lucas Carrasco en una entrevista: “yo creo representar una mayoría silenciosa, que no grita ni tiene voz en los medios”. Democratiza la pantalla dándole aire a un escuadrón diverso de invitados que va desde jóvenes UBA hasta párrocos, boqueteros o literatos, pasando por personajes como Alex Freyre o Malena Pichot. Cualquier figura con una relevante dosis de polémica y de marginalidad es plausible de participar. Esa amplitud es la que le permite adquirir el diferencial que lo separa cualitativamente del resto: en el show hay lugar para todas las voces. Consigue llamar la atención de propios y extraños y le permite exponer crudamente ante la audiencia la incongruencia de sus exóticos adversarios. Entiende que una buena forma de imponerse es elegir bien a su antagonista. Amigo o enemigo, en El Diario no hay lugar para los débiles.

Como todo gran emergente, Feinmann tiene su hit. Las tomas de los secundarios UBA son una debilidad de su público nutrido de una mezcolanza de indignación, batalla cultural y consumo irónico. Explota a fondo toda la dimensión del espectáculo en el que los chicos juegan a ser grandes y los grandes añoran ser chicos. Aprovecha la inconsistencia de los adultos que no se muestran dispuestos a ejercer su rol de padres y mantiene un mano a mano brutal con los chicos de estética latinoamericanista y con todos los lugares comunes de la izquierda estudiantil. Y así se generan intercambios de alta intensidad que luego serán repetidos hasta el hartazgo en programas de archivos y portales de noticias.

Eduardo ha logrado constituirse como el conserva hit de la pantalla. Ya no queremos al Feinmann filósofo disertando sobre Hegel en Canal Encuentro y preferimos a aquel que con violencia nos denuesta las vilezas del “charuto”. Del staff de la Radio 10 de antaño, el del Negro, Baby, Chiche y compañía, fue el único que se sobrepuso con creces a la implosión de la batalla cultural y quedó parado de frente a lo que se viene. Nuestra clase media ya tiene en el cable su presentador selecto. Los tiempos que se vienen lo incluyen dentro y con su rol protagónico intacto. Queremos polémica y por eso extrañamos la columna de deportes del eléctrico Elio Rossi. Queremos la intensidad de un todos contra todos para despuntar el vicio del debate pero sin revolearnos abultadas y tediosas argumentaciones. No queremos pensarlo tanto, simplemente queremos polemizar. La ampliación de derechos se pone a prueba en los estudios de C5N. Las expresiones marginales de nuestra sociedad se juegan ahí su prestigio. No pretendemos resolver nuestra convivencia. Eduardo Feinmann relatará nuestro Mayo Francés. Y nuestro Woodstock. Y que no se quemen los libros. Pero que arda el cable.

 

La nota fue publicada en Infobae el día martes 22 de octubre del 2013, pueden verla haciendo click aquí.

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El amor después del amor

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“La representación va y viene, cuenta lo que se hace con eso” (@HAL______)

El clima post PASO empieza a marcar algunos aspectos que anticipan lo que será la carrera a 2015. La reconfiguración del escenario implica nuevas problemáticas para los distintos actores. Indudablemente quién ha logrado constituirse como la figura relevante del 2013 es Sergio Massa. Dentro del arco político, el tigrense fue el mejor intérprete de lo sucedido en los últimos dos años y se consolida como un actor protagónico en la contienda por la conducción justicialista. Con una victoria segura y una brecha que se ampliará en octubre, se cierra un período que posibilitó su emergencia en la órbita bonaerense y se abre una etapa en la que deberá afrontar nuevos desafíos a escala nacional.

El peronismo vuelve a ser un espacio en disputa. El reordenamiento está lejos de abandonar su rumbo incierto. Son muchos los actores con pretensiones protagónicas y si bien éstas no siempre se acompañan de un sustento real, la dispersión no es un dato menor a la hora de pensar en cómo se reacomodará el tablero. Los gobernadores con adhesión oficialista de baja intensidad parecen ser las figuras subestimadas por el diagnóstico político actual. Podrán tener un techo bajo desde su autonomía, pero también un poder de veto relevante. Con mucha regionalización, se presenta aquí el desafío más importante para el Frente Renovador de cara a la carrera presidencial. Cohesionar esas tensiones no será sencillo. Menos con la impronta bonaerense que condiciona al massismo: tendrá que armonizar las históricas demandas de la provincia en materia fiscal y de representación con los intereses del peronismo del interior.  Si bien el poder de fuego territorial de los “aparatos” por momentos es sobredimensionado, la realidad es que este se convierte en condición necesaria para posibilitar la existencia de un armado nacional.

El otro aspecto a atender por el tigrense de cara a 2015 será la adaptación de su discurso a su flamante rol de legislador. Su perfil gestor deberá interactuar con las limitaciones del cargo. Cuando tomar la delantera en la agenda impera como necesidad, ser gestión siempre es una ventaja. Lo sucedido recientemente con ganancias es ilustrativo. Si bien la habilidad del FR para marcar agenda quedó en evidencia, el oficialismo supo capitalizar la iniciativa de la competencia. Aún siendo tardía y oportunista, la reacción del kirchnerismo es válida. Y reclamar el copyright difícilmente sea una estrategia interesante: quizás tenga un mínimo asidero en la coyuntura pero el impacto sobre el bolsillo a largo plazo de los sectores medios es lo que moverá (o no) el amperímetro.

En un escenario de fuerte desgaste del arco político, deberá demostrar mucha destreza para escaparle al clima de confrontación. En los tiempos previos a la campaña, su indefinición supo descolocar a las distintas fuerzas. Caminar por la “ancha avenida del medio” será más complicado dentro del congreso. La “administración dosificada del discurso”, como la llama Luciano Chiconi, fue un mérito distintivo. Mantener esa ubicación es otra tarea a emprender en estos dos años que se vienen. Y tampoco hay que subestimar el microclima, no siempre es tan sencillo escaparle. El mismo Massa por momentos no supo abstraerse de esa lógica.

2013 vino a cerrar una etapa. El fin de ciclo de la hegemonía kirchnerista sobre el arco peronista abre un nuevo capítulo en la lucha por la sucesión. Una nueva etapa demanda nuevos atributos y una capacidad de readaptar estrategias y discursos ante un escenario dinámico. Sergio Massa fue el actor estrella del último período y se anotó como jugador protagonista en la disputa que se avecina. Consumada la victoria en octubre, deberá moderar el entusiasmo y volcarse al nuevo panorama, porque tiene mucho para celebrar, pero esto recién empieza. Son tiempos de representaciones volátiles. Nadie tiene la vaca atada. Renovar permanentemente la legitimidad popular es el desafío para la nueva dirigencia. Veremos cómo sigue.

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Reordenamiento

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“Una elección es todo ese proceso que dice si consumís o producís poder” (@Tintalimon)

El resultado de las PASO marca un antes y un después en la vida política nacional. Sin dudas lo más relevante en las primeras lecturas post electorales es el profundo desgaste del oficialismo. El kirchnerismo no sólo fue superado, como se esperaba, en los grandes distritos sino que fue sorprendido en algunas provincias que se consideraban bastiones como los casos de San Juan o de La Rioja. Con la caída del FpV en la provincia de Buenos Aires frente a Sergio Massa se genera un escenario de disputa hacia el interior del peronismo que parece pronunciarse de aquí a octubre. Esta situación ha vuelto a poner a la cuestión del fin de ciclo, una vez más, en el centro de la escena del debate público.

La gran novedad de la elección pasada es la fragmentación del voto peronista. La hegemonía del FpV dentro del justicialismo se ve discutida ante la emergencia del Frente Renovador. Se especula con que Massa siga sumando intendentes a sus filas tras la importante elección que hizo en muchos municipios del conurbano bonaerense. Esto indudablemente le da un carácter distintivo a la elección como hecho político. Se inicia así, tras las PASO, un proceso de reconfiguración del peronismo que se inicia en la órbita bonaerense.

En el análisis político post electoral, nuevamente, tanto oficialismo como oposición confunden los aspectos centrales. El cristinismo buscó usar como espejo lo sucedido en 2009, resaltando que se trata de una elección de medio término y que la fuerza se ubica como primera minoría nacional. La oposición en cambio hizo hincapié en la merma de votos del FpV tras lo sucedido en 2011. Ambas lecturas resultan forzadas: 2009 y 2011 poco se parecen al proceso actual. El factor que dificulta dichas comparaciones es que hoy nos encontramos con un peronismo en disputa. Y esa es la gran novedad de 2013. La actualidad nos encuentra con un liderazgo emergente dentro del peronismo en la carrera por la sucesión y eso es inédito en la experiencia kirchnerista. Aquí llegamos a la cuestión del “fin de ciclo”. Cuesta hablar de “fin del kirchnerismo”, cuesta hablar del fin de una fuerza que aún tiene dos años de gestión por afrontar. Pero ya no hay hegemonía dentro del justicialismo, situación que no se vive desde la contienda con el duhaldismo. Ahí sí, algo se rompió. Ahí sí, hay un fin de ciclo.

Y pese al entusiasmo dentro de las filas del Frente Renovador, la reordenación del peronismo también tiene un futuro incierto. El oficialismo tendrá que concentrar esfuerzos para evitar el salto de intendentes al massismo y matizar el crecimiento de una brecha que en la provincia ya es bastante contundente. Pero para Sergio Massa surge un nuevo desafío a la hora de disputar la conducción del justicialismo. Impulsado por su impronta bonaerense y municipal, tendrá que hacerlo sin perder de vista las históricas demandas de la provincia. Y a la hora de intentar conciliar fuerzas con el peronismo del interior, tendrá que demostrar mucha habilidad política para generar consenso en esas circunstancias.

2013 no nos deja necesariamente un kirchnerismo acabado, pero sí un peronismo que pretende reestructurarse. Tiempos de reordenamiento. Se abre una nueva etapa en la que habrá que ver cómo se reordena la interacción Scioli-CFK, la línea de Massa para llevar adelante un armado nacional y cómo se darán las tensiones dentro del justicialismo. Barajar y dar de nuevo. En ese sentido, la comparativa con 2003-2005 es mucho más rica que la que podamos hacer con 2009-2011, o 2011-2013.

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“Los kirchneristas críticos están muy solos. A los kirchneristas no les interesa su crítica, a los críticos no nos interesa su kirchnerismo” (@cosovschi)

Con la colaboración de Patricio Goldstein (@apolinerr)

Difícil situación la del kirchnerismo crítico. Un espacio del arco político de pretensiones protagónicas pero irrelevante en la distribución de fuerzas. La experiencia histórica del FpV muestra distintas variantes de este fenómeno: la transversalidad en 2003, la Concertación Plural en 2007 y figuras y organizaciones tan distintas como Martín Sabbatella y el Movimiento Evita. La interacción de estos actores con el oficialismo se ve signada por la incompatibilidad de sus aspiraciones con su peso en la dinámica política realmente existente. Al problematizar su rol en el panorama actual se advierten entonces distintos interrogantes. ¿Es el kirchnerismo crítico sustancialmente distintivo ante el discurso cristinista? ¿Existe la posibilidad de entablar una relación crítica desde la orgánica oficial?

Para el kirchnerismo post 2009, el grado de lealtad es la referencia a tomar a la hora de configurar el marco de alianzas y la asignación de los roles de conducción. En un proceso de radicalización discursiva, la construcción de un relato sobredimensionadamente épico se presenta como un escollo para la potencialidad de espacios más heterogéneos dentro del FpV. La crítica contradice a un esquema que demanda adhesión y disciplina a los sectores que no se adaptan a su lógica. La conformación de UyO camina en esta dirección. Detrás de la voluntad de centralizar los espacios militantes del oficialismo se percibe una intención de homogeneizar un discurso que viene a marginar toda posibilidad de crítica dentro del armado.

Es ahí cuando encontramos una paradoja dentro de la matriz militante oficial. El vuelco de una gran cantidad de jóvenes a la actividad política, que difícilmente pueda ser considerado un mérito irrelevante, es a su vez acompañado por un encuadradamiento político deficiente. La oferta de organizaciones en el armado de UyO dista de ser una herramienta de formación de cuadros políticos y dirigente y más bien se asemeja al soporte territorial del cristinismo más puro. Son escasos los espacios que ofrecen la posibilidad de conciliar organicidad con un genuino espíritu crítico. Con una perspectiva vacua de la actividad militante, el FpV ve a su organización más genuina como un sostén territorial, una herramienta para nuclear sectores ideologizados y voluntaristas de la sociedad civil que no necesita potenciar un real desarrollo de contenido político. La crítica es excluida de la concepción militante de un oficialismo cada vez más radicalizado y marginal.

Ante este panorama, los espacios de pretensiones más autónomas entran en una contradicción. Han tenido que resignar sus divergencias para poder ser parte de la coalición gobernante. También han perdido independencia en la iniciativa política al aceptar la conducción de La Cámpora, actor designado por la presidenta como el director de la militancia cristinista. De esta manera, espacios como Nuevo Encuentro o el Movimiento Evita se ven contenidos y limitados por la conformación de UyO. Deben adaptarse a las exigencias de un restrictivo comisariado ideológico. En los hechos, el kirchnerismo crítico es simplemente kirchnerismo. ¿Encontramos sustanciales diferencias entre Martín Sabbatella o Daniel Filmus? Si las hay, no son relevantes en el plano político, en el marco de un oficialismo que prioriza la cohesión del relato por sobre el desarrollo de un espacio político genuinamente plural. El kirchnerismo crítico es un no-lugar inocupable. Para poder hablar de “kirchnerismo crítico”, primero debe haber “kirchnerismo” y donde hay crítica, no lo hay.

Sin embargo, subsisten, dentro del FpV, figuras con un perfil distante al del cristinismo, por lo menos en la naturaleza de sus discursos. Es el caso de Daniel Scioli o de Martín Insaurralde. Figuras que, por ejemplo, marcan diferencias con el discurso oficial reconociendo inflación o inseguridad, hecho que sería sancionado dentro de la órbita de UyO. Cuesta pensar a estos dirigentes como el “kirchnerismo crítico”: a diferencia de éste, elaboran una identidad propia. No necesitan el guiño oficial para la supervivencia de su capital político, su anclaje territorial les otorga cierta autonomía. Sin tener que acoplarse a la rigidez del relato, evitan el profundo desgaste político de los últimos dos años y siguen de pie en el panorama electoral, manteniendo un rol protagónico. Su brecha con el discurso oficial no les resulta un impedimento para seguir siendo actores relevantes del FpV. Podemos pensarlos como el kirchnerismo crítico realmente existente, como el kirchnerismo distante.

En un momento en el cual la fidelidad y la obsecuencia son el eje del dispositivo oficial, las figuras que han logrado sobreponerse a este esquema fueron aquellas que lograron sostener su relevancia en el arco político más allá de la aprobación presidencial. Su territorialidad y una relativa autonomía les permiten pensarse más allá de 2015. No es el caso del kirchnerismo crítico, cuya suerte quedará atada al devenir de un cristinismo desgastado.

 

La nota fue publicada en el diario “Hoy Día Córdoba” en su edición del martes 6 de agosto del 2013, pueden ver la edición digital haciendo click aquí.

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Nouvelle vague

“En la vida y la política viejo es el que no entiende lo nuevo” (@VascoAmonda)

Mucho se ha hablado últimamente acerca de la “nueva política” y de la emergente camada de intendentes. Para algunos viene a oxigenar un poco el clima conflictivo del escenario vigente y para otros es simplemente el resultado del desgaste de una coyuntura y que tarde o temprano va a tener que expresar definiciones contundentes en los términos del debate público actual. También, muchos han querido leer las recientes apariciones de Sergio Massa como la primera ruptura del tigrense con su estrategia de silencio y cautela a la hora de declarar y un inicio de una nueva etapa en su camino hacia las PASO. Efectivamente, hay interesantes novedades en el discurso massista, pero lejos están de expresar una ruptura, sino más bien una continuidad en su voluntad de seguir representando un perfil innovador ante el arco político vigente.

Tanto el lunes en la presentación de sus candidatos, como en el mano a mano con Alejandro Fantino del martes, Massa sentó posición sobre algunos de los debates del último período. Apoyó la AUH y las iniciativas en materia de cobertura y DD.HH., dio a entender que respetaría el fallo de la corte en materia de ley de medios, fue contundente en su rechazo a la reforma constitucional y reelección indefinida de presidente, gobernadores e intendentes, y fue crítico con la situación inflacionaria y la inseguridad. Tales sentencias quizás sean una novedad en el discurso, pero no en la construcción de una imagen política. Apoyar lo “bueno” y criticar lo “malo” forma parte de la idiosincrasia poskirchnerista que pretende representar. El tigrense, de notable vocación mayoritaria, pretende esquivar la confrontación y representar el sentir de la opinión pública ante tales debates. Hábil, lee que el consenso es una de las nuevas demandas sociales del período y decide sortear la distinción kirchnerismo/antikircnerismo, dicotomía que tiene serias limitaciones para entender su figura y su desempeño en la coyuntura actual. En este sentido, podemos hablar de definiciones, sí, pero no hay novedades en su forma de construir su imagen como candidato. Simplemente la campaña lo lleva a entrar en una nueva etapa en su voluntad ya conocida hace rato de mostrarse como la figura que viene a traer acuerdo en donde hay confrontación.

Massa ha decidido poner en el centro de su discurso, dos problemáticas que marcan fuertemente a la opinión pública como la economía y la seguridad, y no entrar en el discurso del arco mediático opositor signado por la anticorrupción y el enfrentamiento. Busca mostrarse ante el electorado como el garante del consenso y la estabilidad, del “enfriar la política para ordenar la economía” como dice Martín Rodríguez.  La inflación, señalada por la sociedad como la disfunción más relevante del esquema económico, ocupa un papel predominante en su discurso, cuando el FpV evita tocar de lleno tal debate. La seguridad, otra demanda del período, es un área donde se desenvuelve cómodamente, exhibiendo su gestión municipal. Su vocación descentralizadora en materia judicial y policial, camina en esa dirección (el “giro municipalista” no parece ser simplemente un signo de procedencia, sino una forma de concebir al Estado). Quienes pretenden ver en estas definiciones un trasfondo de ruptura y de cambio en su construcción política no logran sustraerse de las limitaciones del arco político actual.

Massa también elige bien las audiencias a las cuales apelar. Evita los tradicionales debates y prefiere presentarse en el programa de Alejandro Fantino, en una distendida entrevista, que como bien reconocía el mismo Fantino, se asemejaba más a una amigable charla que a un reportaje político. Sortea la audiencia ideologizada y busca apelar a la emocionalidad y a su carisma. Le deja la arena del microclima politizado a Darío Giustozzi, quien mostró mucha habilidad para exponerse ante ella en algunas recientes intervenciones. Con destreza, el intendente de Brown parece bastante apto para desenvolverse en tales instancias. Felipe Solá o José Ignacio de Mendiguren son otras posibilidades para adoptar ese rol comunicacional.

Con estas sentencias, Massa sólo volvió a reafirmar su condición innovadora. Carácter que comparte con su contendiente Martín Insaurralde quien también ligó la cuestión judicial al problema de la inseguridad (sin entrar en una cruzada discursiva contra las corporaciones). Con un cristinismo que, con el papel otorgado a UyO, había confundido juventud con renovación, dentro del FpV surgió finalmente una figura que sí tiene aspectos genuinamente novedosos. El lomense también ha aprovechado sus apariciones para dejar en claro su impronta novedosa. Apeló a la lógica vecinal, aborda las problemáticas de la inflación y la inseguridad, evitó confrontaciones y busca construir desde la emocionalidad de su lucha contra el cáncer un carácter carismático muy ajustado a los tiempos de hoy. Resulta difícil ver las intervenciones de estos candidatos y no percibir en ellos una esencia distintiva, un discurso que no estaba presente en la arena política. El Frente Renovador pretende expresar esa condición. Pero tampoco debe subestimarse el margen de maniobra de un FpV que ha salido de coyunturas difíciles. Tiene un candidato con un desconocimiento que puede ser aprovechado si logra romper con la lógica de un cristinismo desgastado. El resultado de la contienda electoral está por verse. Lo cierto es que la emergencia de la nueva política podrá gustar o no, pero está a la vista.

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Caballo de Troya

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“El verdadero Caballo de Troya es Insaurralde” (@borovinsky)

A casi dos semanas del cierre de listas, empiezan a evidenciarse los enfoques con los que las distintas fuerzas van a abordar la disputa bonaerense. Sin dudas, la irrupción de la candidatura de Sergio Massa, desde el Frente Renovador, es el hecho relevante del escenario electoral. Pero también cobra relevancia la decisión del FpV de ubicar a Martín Insaurralde como cabeza de lista de diputados nacionales en la provincia. Intendentes emergentes del período, de perfil gestor y moderna comunicación, se presentan como el resultado de la configuración estatal del período y la expresión de una renovación en el seno del peronismo bonaerense.

A esta altura, la esencia distintiva de Sergio Massa frente al arco político actual no debería sorprender. Su porte administrador, moderno y de poca confrontación le otorga una condición innovadora dentro de la actualidad política, cualidades que no abundan en las principales fuerzas, tanto oficialistas como opositoras, que empiezan a deteriorarse en el roce discursivo. Pero lo que sí resulta novedoso, es la apuesta del FpV a la figura de Insaurralde y no por una figura del tradicional núcleo del cristinismo. Sea o no por un inevitable descarte, forzado por la situación del arco político, la decisión debe ser leída al menos como un suceso dentro del oficialismo, cuyas definiciones políticas distaban mucho de la idiosincrasia que pretende representar la candidatura de Insaurralde.

La interacción entre el intendente de Lomas y el discurso cristinista está por verse. Pero sin dudas es uno de los ejes centrales de la carrera hacia las PASO. En el último período, el oficialismo apeló a una simbología que presenta un progresivo desgaste y un discurso que sólo contribuyó en los últimos tiempos, a la radicalización de las minorías más intensas de nuestros centros urbanos. Parte del kirchnerismo lee la candidatura del intendente de Lomas en estos términos, en la designación de un “intendente leal”. Más allá de su organicidad, su figura está muy lejos de interpretar al núcleo duro oficial. Formado en las filas del duhaldismo, su carácter se ajusta más al de la intendencia emergente: sería difícil comparar su figura con la de Néstor o Cristina Kirchner, y muy sencillo hacerlo con Sergio Massa. ¿Podrá Insaurralde, desde su singularidad, romper el molde del discurso cristinista? El FpV puede apostar a explotar este atractivo perfil del lomense, entrando así en una competencia directa con el electorado donde Massa busca hacer pie, o sumergirlo en la marginalización a la que el cristinismo entró en el último período.

No sólo el cristinismo entra en una mala lectura del fenómeno Insaurralde. Como ya es costumbre en el período, tanto el oficialismo duro como la acérrima oposición confunden los aspectos centrales del plano político. Desde las filas opositoras, se apuesta al desconocimiento de su figura. El desconocimiento, no sólo es relativo, siendo el intendente una figura relevante de la tercera sección, sino que puede ser un atributo a explotar cualitativamente. En un clima político signado por el desgaste, en el cual las figuras relevantes de los últimos años tienen problemas en su despliegue electoral, el silencio y la indefinición supieron ser grandes soportes de la estrategia massista. La innovación política es una demanda relevante del período, y en esa línea, el desconocimiento puede ser potencialidad más que limitación. El FpV posee, además, maquinaria electoral y comunicacional como para instalar a un candidato que ya provee un piso importante en la tercera sección. Y los primeros pasos al respecto, parecen interesantes. Veremos cómo Insaurralde juega con la potencialidad del desconocimiento, de representar “lo nuevo”.

En un clima político en el cual la toma de posición y la notoriedad no son redituables (clima antipolítico, si los hay), la innovación es inevitable. Presenciamos un momento en el cual cobran más relevancia la potencialidad de los “techos” que la solidez de los “pisos”. Reformar el arco político, no sólo en los nombres, sino en las formas y en los discursos, es una demanda social del nuevo período. Y no sólo Massa viene a presentar tal carácter. La designación de Insaurralde, aún forzada por las circunstancias, es un hecho relevante. El FpV tiene la oportunidad de apostar a lo novedoso y abandonar una lógica que sólo logró polarizar sectores medios y desgastar al arco político. De ser así, nos espera uno de los duelos más interesantes de los últimos años en la órbita bonaerense.

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