Reordenamiento

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“Una elección es todo ese proceso que dice si consumís o producís poder” (@Tintalimon)

El resultado de las PASO marca un antes y un después en la vida política nacional. Sin dudas lo más relevante en las primeras lecturas post electorales es el profundo desgaste del oficialismo. El kirchnerismo no sólo fue superado, como se esperaba, en los grandes distritos sino que fue sorprendido en algunas provincias que se consideraban bastiones como los casos de San Juan o de La Rioja. Con la caída del FpV en la provincia de Buenos Aires frente a Sergio Massa se genera un escenario de disputa hacia el interior del peronismo que parece pronunciarse de aquí a octubre. Esta situación ha vuelto a poner a la cuestión del fin de ciclo, una vez más, en el centro de la escena del debate público.

La gran novedad de la elección pasada es la fragmentación del voto peronista. La hegemonía del FpV dentro del justicialismo se ve discutida ante la emergencia del Frente Renovador. Se especula con que Massa siga sumando intendentes a sus filas tras la importante elección que hizo en muchos municipios del conurbano bonaerense. Esto indudablemente le da un carácter distintivo a la elección como hecho político. Se inicia así, tras las PASO, un proceso de reconfiguración del peronismo que se inicia en la órbita bonaerense.

En el análisis político post electoral, nuevamente, tanto oficialismo como oposición confunden los aspectos centrales. El cristinismo buscó usar como espejo lo sucedido en 2009, resaltando que se trata de una elección de medio término y que la fuerza se ubica como primera minoría nacional. La oposición en cambio hizo hincapié en la merma de votos del FpV tras lo sucedido en 2011. Ambas lecturas resultan forzadas: 2009 y 2011 poco se parecen al proceso actual. El factor que dificulta dichas comparaciones es que hoy nos encontramos con un peronismo en disputa. Y esa es la gran novedad de 2013. La actualidad nos encuentra con un liderazgo emergente dentro del peronismo en la carrera por la sucesión y eso es inédito en la experiencia kirchnerista. Aquí llegamos a la cuestión del “fin de ciclo”. Cuesta hablar de “fin del kirchnerismo”, cuesta hablar del fin de una fuerza que aún tiene dos años de gestión por afrontar. Pero ya no hay hegemonía dentro del justicialismo, situación que no se vive desde la contienda con el duhaldismo. Ahí sí, algo se rompió. Ahí sí, hay un fin de ciclo.

Y pese al entusiasmo dentro de las filas del Frente Renovador, la reordenación del peronismo también tiene un futuro incierto. El oficialismo tendrá que concentrar esfuerzos para evitar el salto de intendentes al massismo y matizar el crecimiento de una brecha que en la provincia ya es bastante contundente. Pero para Sergio Massa surge un nuevo desafío a la hora de disputar la conducción del justicialismo. Impulsado por su impronta bonaerense y municipal, tendrá que hacerlo sin perder de vista las históricas demandas de la provincia. Y a la hora de intentar conciliar fuerzas con el peronismo del interior, tendrá que demostrar mucha habilidad política para generar consenso en esas circunstancias.

2013 no nos deja necesariamente un kirchnerismo acabado, pero sí un peronismo que pretende reestructurarse. Tiempos de reordenamiento. Se abre una nueva etapa en la que habrá que ver cómo se reordena la interacción Scioli-CFK, la línea de Massa para llevar adelante un armado nacional y cómo se darán las tensiones dentro del justicialismo. Barajar y dar de nuevo. En ese sentido, la comparativa con 2003-2005 es mucho más rica que la que podamos hacer con 2009-2011, o 2011-2013.

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